DE NUEVA YORK A CHILE, LA DESTILERÍA DE NICHOLAS DEEG

 

 

 

Creció con un padre aficionado a la carpintería, pasó su adolescencia sacando fotos, su juventud grabando películas y su adultez haciendo gin. Nicholas Deeg dejó los rascacielos de Manhattan por la comuna de El Monte, donde hoy produce el primer destilado de su empresa, The Patagonia Spirits Distillery Company.

 

Cuando definitivamente dejó su natal Estados Unidos para venirse a vivir a Chile con su esposa y sus hijos en 2013, sufrió un pequeño choque cultural. Las comparaciones son odiosas, pero contrastando con su vida en Manhattan, para Nicholas Deeg (38) en Santiago todo parecía más lento, menos vibrante, un poco más apagado. Tuvo que pasar algo de tiempo para darse cuenta de la injusticia de su análisis, pero ya enamorado de nuestro país, había algo que aún no podía entender: “Me di cuenta de la diversidad de Chile, pero también de cuán poco variadas eran las cosas que la gente tomaba”, cuenta el norteamericano.

 

Ya sea porque para Deeg —un hombre de labores manuales y conocedor de cervezas— esto significaba una ofensa personal o una clara oportunidad de negocios, decidió tomar el desafío y terminó creando un gin propiamente local. Inspirado por la cambiante geografía chilena, Deeg seleccionó un puñado de ingredientes botánicos propios del norte, centro y sur de nuestro país para crear un destilado único que bautizó con el nombre de Proa, el primogénito de The Patagonia Spirits Distillery Company.

 

Pero la historia es más larga y conlleva mucho más que los miles de kilómetros que separan la esquina de la calle 30 y la 3era avenida en Nueva York, con Santiago de Chile.

 

Hasta 2006, Nicholas Deeg no tenía absolutamente ningún lazo con nuestro país. Oriundo de Nueva Jersey y aficionado a la carpintería gracias a la herencia paterna, a los 13 años Deeg descubrió en la fotografía el cruce perfecto entre la composición de una imagen y la delicada labor del revelado. Lo que empezó en ese entonces como un taller escolar evolucionó para convertirse en una exitosa carrera como cinematógrafo, que lo llevó a estudiar y vivir en Manhattan. Es ahí, específicamente en la New York Film Academy, que años más tarde conoció a quien luego sería su esposa y su primer acercamiento a nuestro país.

 

Con créditos como la serie White Collar y películas como Cloud Atlas y El Luchador bajo el brazo, la carrera de Deeg iba en ascenso. Pero el éxito en la industria cinematográfica se traduce en proyectos que duran entre 9 y 10 meses, de 70 horas de trabajo semanal. “Después de un par de años de trabajar así es muy difícil para una familia”, dice Deeg.

 

En 2013, con la intención de hacer un cambio radical, Nicholas y su familia decidieron dejar Manhattan para seguir su vida en Santiago. Pero antes de partir, él se dio un último gran gusto. “Cuando nos vinimos, acordamos con mi esposa que ella se iría con los niños en avión y yo me tomaría dos meses para irme desde Nueva York a Santiago en mi moto. La idea era viajar por el norte, centro y sur de América y llegar a Chile como un hombre nuevo”, cuenta el norteamericano.

 

Y el experimento funcionó. Fascinado por el paisaje y los pueblos americanos, Deeg reparó en que sin importar el país o el idioma, siempre había un gran común denominador. “Vas a un lugar nuevo que no conoces y siempre hay bar, un trago distinto específico de ese lugar. Eso me marcó mucho”, dice.

 

Pero comparada con la cantidad de trabajo que tenía en EE.UU., lo que la industria local le ofrecía era bastante menos. Los periodos en la casa se volvieron más largos, lo que finalmente se convirtió en la excusa perfecta para desarrollar su nueva obsesión. “Tomé la decisión de poner el cine en pausa y me fui a estudiar fermentación y destilación en Canadá. Ahí trabajé durante dos meses y aprendí más sobre el proceso de hacer alcohol”, cuenta.

 

Técnicamente, la base para la elaboración del gin está compuesta solo por alcohol y berries de enebro, un árbol de la familia del ciprés. Lo que diferencia a un gin de otro es principalmente lo que se construye sobre esa base, y que puede incluir cualquier elemento botánico que se quiera integrar. “Fue ahí que empecé a pensar en qué mejor lugar para hacer un gin que Chile. Hay tantos elementos botánicos tan únicos que solo existen aquí y que irían muy bien en un destilado”, dice Nicholas.

 

La idea inicial que Deeg tenía en su cabeza era instalarse en el centro de Santiago con una destilería que hiciera las partes de fábrica y a la vez de bar o incluso restaurant. El concepto, muy popular en EE.UU., permite a los comensales probar los distintos productos elaborados en el lugar y al mismo tiempo ver a través de una mampara cómo se elaboran. Pero por más popular que fuera en el norte, éste no es un concepto que se haya instalado en nuestro país y Deeg se encontró con el primer gran obstáculo. “Cuando fui a la Municipalidad de Santiago para decir que quería arrendar un edificio al lado del Cerro Santa Lucía para abrir una destilería, a la gente le explotó la cabeza”, cuenta Nicholas.

 

 

 

Dado que la regulación vigente identifica una destilería como una planta de procesamiento químico, el plan regulador ordena que éstas deben ubicarse en terrenos aptos para ello, es decir, en barrios industriales como Quilicura, Paine o Buin. Deeg lo intentó, pero se encontró con el mismo problema. No fue hasta que la idea fue reinventada para parecerse más a una viña que a una destilería que logró poner en marcha su proyecto, esta vez en la comuna de El Monte. “Encontré un galpón que se estaba cayendo a pedazos y fui a la municipalidad. Ahí presenté mi concepto y finalmente me dieron el permiso”, cuenta.

 

Tuvo que pasar más de un año desde el establecimiento de la empresa en 2016 hasta poder concretar definitivamente el proyecto y verlo despegar. Hoy, The Patagonia Spirits Distillery Company es una destilería dirigida por su propio dueño, con una capacidad de 50.000 botellas anuales de gin de alta calidad. A mediados de octubre, y tal como en el gran final de una película donde el protagonista por fin obtiene lo que quiere, Proa hizo su debut en sociedad. Con una fiesta en iF Blanco, en la comuna de Recoleta, Deeg celebró el lanzamiento, el punto cúlmine de una aventura de más de dos años, con más de 200 personas. “Tuvimos música en vivo, y gin tonics y negronis toda la noche. Fue como un sueño hecho realidad”, dice riendo.

 

La idea de Nicholas parece tener un timing perfecto y llega justo a tiempo para insertarse en el boom del gin. Chile, por supuesto, no es la excepción, por lo que Deeg es optimista por lo que se viene. Hoy, los esfuerzos están concentrados en solidificar la marca en el mercado nacional, especialmente en el exclusivo circuito culinario local y en hoteles boutique.

 

Para el futuro, la idea es expansiva. Según Deeg, compañías que exportan vino chileno ya han demostrado interés por ampliar su portafolio, y su primera parada de interés sería justamente la costa este de EE.UU. Es lógico; es ahí donde Deeg conoce más la escena. Pero también es romántico; y es que es curioso pensar que un gringo haya recorrido tantos kilómetros para mandar una botella con un poquito de Chile de vuelta a Nueva York.

 

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