OCHOQUEBRADAS, APOSTAR POR ROMPER LA NORMA

 

 

Con el fin de darle un giro a la vivienda de descanso, un grupo de arquitectos nacionales se unió en el proyecto Ochoalcubo, que busca llevar arquitectura de alto nivel a las costas chilenas. Ya en su cuarta etapa, esta iniciativa ha dejado su huella en Marbella y al sur de Los Vilos, donde hoy se emplaza Ochoquebradas: un lugar que recoge lo mejor del diseño chileno y japonés.

 

Si bien cada uno tiene su encanto particular, la vista que entregan balnearios de alta afluencia como Viña del Mar, La Serena o Algarrobo, es más o menos la misma. Con excepciones, por supuesto, los edificios parecen ser una fila de bloques —construidos en distintas épocas, pero salidos de las mismas manos—, haciendo que estas urbes costeras se parezcan más al producto de una línea de ensamblaje que a algo meticulosamente pensado y diseñado.

                     

Es justamente este paradigma el que llevó a Eduardo Godoy a crear Ochoalcubo, que desde 2013 busca romper el molde de la “arquitectura rápida” por medio del trabajo de destacados profesionales nacionales e internacionales. La primera etapa de este proyecto se llevó a cabo en Marbella, donde ocho arquitectos chilenos de distintas generaciones y aproximaciones dejaron su impronta en construcciones cuyo diseño goza de total libertad creativa, a excepción de un par de reglas. Con el fin de hacer viviendas que brillaran más por sus formas que por su materialidad, la primera regla consistía en ceñirse a costos y dimensiones, luego, que el diseño vele por la armonía con el entorno, y priorizar el conjunto por sobre la individualidad de cada construcción. Este último punto es sumamente importante, ya que la idea tras Ochoalcubo es crear una propuesta arquitectónica unificada, tanto en sus distintos elementos como con el entorno: “Una de las gracias de este proyecto es que, si bien los arquitectos tienen total libertad para proyectar lo que quieran, se ha hecho un esfuerzo para que conversen y acerquen posiciones y así llegar a un resultado más armónico para que las casas puedan dialogar entre sí”, dice Godoy.

 

Pero esto fue solo el comienzo. Ochoalcubo también se pensó como un laboratorio arquitectónico que sirviera no solo como vitrina para los mejores exponentes nacionales, sino que también como un espacio para que profesionales de todo el mundo dejen su huella en nuestro país. Así, se ideó la etapa internacional del proyecto, plan que en un comienzo proyectaba la participación de arquitectos de todo el mundo entre los cuales podemos destacar a Toyo Ito como uno de los grande exponentes, hasta que algo inesperado sucedió. En un lapso de un año, la tierra se movió con furia tanto en Chile como en Japón, hermanando a estos dos países con el lazo de la fuerza natural. Fue este común denominador que inspiró a Godoy a convertir la etapa internacional de Ochoalcubo en una colaboración chileno-nipona con ocho arquitectos de cada nación, trasladando el proyecto OchoalCubo de Marbella al sur de Los Vilos. 

 

 

Representando al país insular estarían Kazuyo Sejima, Ryue Nishizawa, Kengo Kuma, Onishi + Huakuda, Sou Fujimoto, Junya Ishigami, Atelier Bow-Wow y Akihisa Hirata. Por el lado chileno acudieron al llamado: Izquierdo Lehmann, Felipe Assadi, Cristián Undurraga, Guillermo Acuña, Max Núñez y Elemental, del renombrado arquitecto nacional Alejandro Aravena.

 

 

Desde esta última, dicen que si bien el proyecto no se adecuaba con lo que suelen hacer, la absoluta libertad con la que podían enfrentarlo fue lo que los atrajo: “Hacer un encargo en un contexto geográfico tan exuberante y con la ausencia de un cliente específico, nos permitió explorar el diseño con un cierto primitivismo, además de ser la excusa perfecta para movernos hacia atrás, hacia lo arcaico, no como un escape nostálgico, sino como un filtro natural contra los clichés”. Así, la nueva etapa de Ochoalcubo ya tenía sus protagonistas —entre ellos, tres premios Pritzker—, y también un nuevo escenario: la zona de Ochoquebradas, en las afueras de Los Vilos. “Estábamos buscando un paisaje potente donde levantar la segunda y tercera etapa de Ochoalcubo. Nos comentaron de esta costa y cuando vimos su especial geografía con quebradas, bahías y dunas, supimos de inmediato que este era el lugar perfecto”, dice Eduardo Godoy.

 

Hoy, entre las quebradas y con el océano Pacífico de fondo, es posible ver una curiosa construcción que a primera vista, parece un nsamblaje de cajas de fósforos gigantes al borde de un acantilado. Sin embargo, una segunda y más detenida mirada revela una construcción osada que, a pesar de sus ángulos rectos tan ajenos a la naturaleza, está profundamente pensada e integrada a su entorno. Se trata de la pieza diseñada por Elemental para la cuarta etapa de Ochoalcubo, compuesta por tres volúmenes ortogonales, donde el hormigón y la madera destacan como materialidades protagonistas. “Pensamos en tres partes” —dicen desde Elemental— “un volumen horizontal, ligeramente en voladizo en la parte superior del acantilado; otro vertical que contiene todas las habitaciones requeridas por el mandante, y entre ambos, uno levemente inclinado y hueco que contiene el lugar del fuego”. Esta última pieza tiene un rol protagónico en la propuesta de la oficina de Alejandro Aravena, la cual celebra formas de vida arcaicas y, tal como el área en la que se emplaza, alejadas de la vida en la urbe moderna. “Esperamos que estos volúmenes envejezcan como lo hace la piedra, consiguiendo algo de la brutalidad del lugar, pero sin dejar de ser gentiles para que la gente pueda disfrutar de la naturaleza y la vida en general”, rematan desde Elemental.

 

La presencia de Japón como país invitado a la etapa internacional de Ochoalcubo ha sido uno de los elementos que más ha llamado la atención del proyecto. Si bien existe una gran distancia que nos separa con el país nipón —no solo en términos físicos sino que también culturales— los arquitectos asiáticos se sintieron muy a gusto con el desafío e hicieron suyo un paisaje que, en sus propias palabras, difiere tanto del suyo propio. “Nuestra naturaleza les causa mucho impacto. Dicen que es muy potente, que ese tipo de paisajes no se ve en Japón. Reconocen que la arquitectura chilena es muy vernácula y de alto nivel”, dice Godoy. Según el fundador de Ochoalcubo, para ellos todo se basa en el respeto a la naturaleza y fue justamente ésta la que inspiró a los nipones en sus propuestas para este proyecto: “Su aporte es una mirada mucho más orgánica de la arquitectura, en la que la protagonista absoluta es la naturaleza, y donde se toma en cuenta cada aspecto de la geografía y del paisaje para construir una obra que solo puede ser ejecutable en ese específico lugar”. Esta predilección por el entorno natural se nota en las estructuras de las propuestas japonesas de Ochoalcubo: figuras innovadoras que parecen oscilar junto con los desniveles de las quebradas; curvas que dejan en evidencia la intervención humana, pero que conversan en armonía con el escenario en el que se desplazan y que parecen hasta camuflarse entre los colores de la flora local: así son los diseños de Akihisa Hirata, el de Onishi + Hyakuda y de Ryue Nishizawa. El aporte de la visión japonesa también ha sido parte del encanto de participar en este proyecto para los arquitectos locales, quienes se han visto maravillados con el trabajo en conjunto: “Trabajar con ellos ha sido increíble y en extremo interesante. Aprendemos día a día con ellos y nos dan lecciones de humildad permanentemente.  Nos hemos hecho grandes amigos”, cuenta Godoy.

 

La próxima etapa de Ochoquebradas ya está en desarrollo. Veinte renombradas oficinas de arquitectos locales ya entregaron sus propuestas para el loteo, y quienes se adjudiquen alguno de los terrenos tendrán acceso a un sistema de subsidio por los planos. Esto, a modo de incentivo para mantener la unidad estética y el espíritu de este proyecto pionero en la arquitectura nacional.

 

 

WEB: WWW.OCHOALCUBO.CL

INSTAGRAM: OCHOQUEBRADAS

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