SEBASTIÁN IRARRÁZAVAL, MONTAÑISTA: MIRANDO LA VIDA DESDE EL PUNTO MÁS ALTO DEL PLANETA

 

 

A los 18 años escapó de Cusco hacia Arequipa, alucinado con la idea de escalar alguno de los increíbles volcanes peruanos. Así es como llegó a la cumbre del Misti, a 5.825 metros de altura sobre el nivel del mar. Equipado con buzo, bototos y polerón, logró su meta muerto de frío pero con una sonrisa que no podía contener.

 

Una enriquecedora experiencia, que años más tarde llevó a este médico de la Universidad Católica, especializado en Traumatología Deportiva, a integrar el equipo “Everest 20 años” como médico montañista encargado de la expedición que en el año 2012, hizo cumbre en la cima más alta del planeta. Aquí reflexiona sobre la expedición que cambió su vida.

 

¿Cómo y en qué momento decides convertirte en montañista?

La decisión de convertirme en montañista, más que un paso claro, fue para mí un proceso. Empecé a explorar la naturaleza por una pasión, y mientras más me adentraba en ella, más requería los conocimientos técnicos que el montañismo me fue entregando. Es decir, el montañismo empezó como una herramienta para descubrir y explorar, pero el proceso me llevó a que se convirtiera en un estilo de vida.

 

¿Cómo fueron tus primeras experiencias de alta montaña?

Como cualquier apasionado con escasa práctica, mis primeras experiencias en alta montaña fueron duras pero muy enriquecedoras. Recuerdo haberme escapado a los 18 años de Cusco hacia Arequipa para intentar escalar alguno de los grandes volcanes cercanos. Pude llegar a la cumbre del Misti (5822 mts.) con buzo, bototos y polerón, muerto de frío, pero con una sonrisa que no podía aguantar.

 

Después, a los 19, al ver que me gustaba mucho y quería dedicarme más intensamente, comencé el montañismo de forma más profesional con las clases de Montañismo de la Universidad Católica. Gracias a grandes maestros como Claudio Lucero y Ernesto Olivares, aprendí a disfrutar de la montaña de forma segura y con mayor técnica. Ellos me enseñaron la base del montañismo que practico hasta hoy.

 

 

EXPERIENCIA COMO MONTAÑISTA

 

¿Cómo logras controlar la ansiedad y el miedo en la extrema altitud?

La montaña te hace estar alerta y evoca mucho respeto. Pero creo personalmente que eso es diferente a la ansiedad y el miedo. En estos últimos si no tienen control, te dominan.

 

En el montañismo vas aprendiendo con la experiencia que la alerta y el respeto a la montaña son fundamentales, pero que la ansiedad y el miedo hay que siempre controlarlos.

 

Te ayuda mucho la experiencia, la cual te permite conocer cómo se comporta la montaña y adaptarte a ella. Y lo que más me ha servido desde que empecé a visitar los Himalayas, es la meditación y espiritualidad que te enseñan los sherpas. En su cosmovisión, las montañas son deidades, y de cierta forma las personalizas, les conversas mentalmente, las respetas y estás en constante comunión con ellas, lo que termina de transformar la ansiedad y el miedo en un estado de alerta, conciencia plena (mindfulness) y respeto profundo.

 

¿Cómo enfrentas desde la dualidad médico-montañista el hecho de ser el responsable de las vidas de cada uno de los miembros de una expedición?

Es un tremendo y bonito desafío tener este doble rol de médico y montañista, fusionando dos grandes pasiones de mi vida. La tomo con la máxima responsabilidad y profesionalismo posible, ya que, como bien dices, eres responsable de las vidas de cada uno de los miembros de una expedición y de regresarlos a casa y a sus familias sanos y salvos.

 

Esta tremenda responsabilidad es la que me ha impulsado a perfeccionarme lo más posible en ambas disciplinas y trabajar muy duro en cada expedición. Es una motivación profunda que te permite trabajar 24/7 durante los 2 meses de expedición, y nunca bajar la guardia. Como dice el maestro Lucero, los errores en la montaña se pagan caros, por lo que hay que evitarlos a como dé lugar. La planificación, preparación, prevención y dedicación, entregando tu 200% me ayudan a enfrentar este doble rol de médico y montañista.

 

¿Cómo logras equilibrar tu pasión por el montañismo con tu vida laboral y familiar?

Éste es un equilibrio que estoy buscando constantemente, y trabajando en él permanentemente. No es fácil, ya que es un equilibrio dinámico, y éste ha ido cambiando en las distintas etapas de mi vida. El montañismo me ha acompañado desde mi etapa de estudiante de Medicina y soltero, hasta médico y con familia. Lo bonito del montañismo, es que hay montañas para todos los gustos. Desde pequeñas y sencillas, hasta gigantescas y muy técnicas. Eso te permite elegir tus montañas y desafíos según este equilibrio que vas buscando.

En toda esta búsqueda del equilibrio, han sido claves mi señora, mi familia y las personas que trabajan conmigo, entendiendo que esta pasión, al final del día, me ayuda a ser mejor persona.

 

¿Por cuántos años más esperas seguir desarrollándote como montañista?

El montañismo, una vez que te agarra no te suelta más, ya que pasa a ser un estilo de vida. El amor por la naturaleza y las montañas va creciendo con el tiempo, y me gustaría transmitir siempre a mi familia y amigos la fortuna que he tenido de poder conocerlas un poco más a través del montañismo. El montañismo profesional lo voy a seguir desarrollando según esta constante búsqueda del equilibrio. En este momento mi montaña más importante es mi familia.

 

¿Qué nuevas cumbres sueñas alcanzar algún día?

Hay montañas que, como montañista, sueño alcanzar algún día, pero las cumbres que espero alcanzar en el futuro son cumbres en familia, con la Trini y Max. Hemos ido a pequeñas montañas juntos y te da una nueva perspectiva de las mismas, a pesar de haberlas visitado muchas veces antes. Eso es muy bonito en el montañismo; una misma montaña es una nueva experiencia cada vez que la asciendes, no sólo porque va cambiando por la época y el clima, si no que la experiencia con las personas que van contigo hacen que cada ascenso sea único.

 

 

EVEREST

 

 

En una frase, ¿Cómo resumirías la experiencia de estar en el Everest?

Un regalo único de la vida que me marcó para siempre.

  

Has subido tres veces el Everest; ¿Lo volverías a hacer?

He participado en tres expediciones al Everest, aunque he tenido la fortuna de llegar a su cumbre en una sola oportunidad. Después de visitarlo varias veces, le tomas un cariño muy especial. La personalizas como una amiga y cada vez que la veo de nuevo le digo “Namaste Chomolungma”, un saludo muy profundo que significa “yo saludo a la luz de Dios que está en ti, Diosa Madre de las Montañas”. Cada expedición al Everest es una experiencia que te entrega amistad, al compartir con tus compañeros; introspección, al conocerte mejor a ti mismo; disfrute, por la vida simple y la naturaleza; respeto, por la vida y las montañas; y fe, en que los sueños pueden lograrse con perseverancia, pasión y un sólido equipo humano.

 

Por lo mismo, volvería a intentarlo siempre que pudiera, entendiendo que esto depende de la situación vital en la que me encuentre.

 

¿En qué eres diferente luego de haber alcanzado la cumbre más alta del mundo?

Esta experiencia te cambia la perspectiva de las cosas para siempre. Mirar desde el punto más alto del planeta y ver como el horizonte se pierde en 360 grados, te da una perspectiva de lo pequeños que somos, pero a su vez de la gran fortaleza humana que cada uno de nosotros tiene y que nos permite alcanzar sueños que imaginaste imposibles.

 

Una cumbre como el Everest te enseña que no existen los imposibles, si no que nuestros sueños muchas veces son inconscientemente coartados por nosotros mismos, pensando que no somos capaces de lograrlos. El Everest te enseña que cada intento de lograr un sueño, con cumbre o sin cumbre, es un gran aprendizaje y te ayuda a ser mejor persona.

 

Por último, un gran cambio que vives después de una experiencia como ésta, es el aprecio a las cosas simples de la vida. Algo tan simple como una ducha con agua caliente es una fortuna que tenemos cada día, que lo damos por hecho, pero que no lo es. También el desconectarse de vicios urbanos como la hiperconectividad y las “redes sociales”, que lo que menos tienen es sociabilidad, te permite disfrutar de lo fundamental. Una buena conversación con tus amigos, un libro, el pensar y meditar, el disfrutar la naturaleza con todos tus sentidos, son regalos invaluables.

 

¿Cuáles fueron las lecciones más importantes tras lograr la meta?

La principal lección que aprendí fue que no hay imposibles siempre que busques tus sueños con pasión, perseverancia y un buen equipo humano.

 

¿Cómo describirías al equipo de la última expedición?

Así como en la mayoría de las expediciones, el grupo humano es heterogéneo, tanto en edades, profesiones, experiencias anteriores, etc., pero siempre con un factor denominador que nos une y es el amor por las montañas y la vida sencilla del montañismo.

Después de una expedición como esta y las intensas experiencias que se viven, describiría al equipo en una frase; como amigos para toda la vida.

 

Los días en que la expedición chilena estuvo en el Everest, hubieron cerca de 10 muertos ¿Qué errores podrían haberles causado la muerte? ¿Cómo funciona el cuerpo ante las condiciones del Everest?

Los errores en montaña se pagan caro ya que la naturaleza tiene una fuerza que nos supera infinitamente. Como la montaña te exige experiencia, preparación, planificación, un equipo humano afiatado y velar constantemente por la seguridad, cuando cualquiera de estos no se cumple o respeta, ocurren accidentes.

En la cumbre del Everest hay un tercio del oxígeno que estamos respirando a nivel del mar, y a pesar de que el cuerpo humano tiene la capacidad de adaptarse en parte a esto, se encuentra en una constante exigencia física que hay que entrenar y manejar.

 

Tras dos meses en la montaña, sometido a condiciones límite lejos del hogar. ¿Cuál es la clave para convivir en equipo, afianzar relaciones y lograr la meta? ¿Fue importante  el apoyo y la motivación que recibieron durante la expedición?

La clave para convivir en equipo es la amistad, la comunicación, el respeto y la tolerancia, en sus significados más profundos. Aprendes a convivir de una forma más intensa y real a la que estamos acostumbrados en la ciudad, ya que los lazos humanos y relaciones interpersonales son fundamentales.

Durante la expedición recibes mucha motivación a través de los mensajes de tu familia y amigos que hacen llegar a pesar de la distancia, así como las cartas y fotos que te llevas, que pasan a ser un tesoro cuando estás allá.

 

¿Nos podrías contar una alguna anécdota que refleje el ánimo del equipo en la expedición?

Hay muchas anécdotas en cada una de estas expediciones, pero buscando alguna que refleje el ánimo del equipo, recuerdo especialmente varias ocasiones en que el equipo chileno ayudó a escaladores de otras expediciones cuando tienen problemas. A pesar de que la lógica diría que siempre se debería ayudar a los demás, en montañas como el Everest, la obsesión por la cumbre es, en la mayoría de las veces,enceguecedora, incluso llegando algunos montañistas a no ayudar a miembros de sus mismas expediciones.

Con un espíritu justamente antagónico a lo anterior, el equipo chileno siempre ha prestado ayuda a otros escaladores que lo necesitan. El 2010 fue el único equipo que participó en un rescate a casi 8.000 mts., y el 2016 participamos de 3 rescates de otros escaladores.

 

¿Qué le dirías a alguien que sueña con convertirse en montañista y hacer cumbre en la montaña más alta del mundo?

Le diría que vaya de a poco, ya que convertirse en montañista y hacer cumbre en el Everest toma un largo y sacrificado camino. Podría ser similar a alguien que quiere empezar con el ciclismo de ruta y sueña con ganar el Tour de France o para un futbolista ganar un mundial de fútbol. Pero a su vez le diría que no hay imposibles, y que los sueños vale la pena seguirlos y vivirlos intensamente, porque realmente pueden hacerse realidad.

Los sueños no se logran de forma solitaria, y en ese proceso es clave el apoyo de buenos maestros, sólidos compañeros, y una familia comprensiva.

Por último le diría que disfrute y viva intensamente el proceso y el camino hacia ese sueño. Es decir, muchas veces cuesta que nuestro último objetivo se cumpla, por lo menos a la primera, pero no hay que frustrarse, si no que hay que aprender y crecer en el proceso, y volver a intentarlo aplicando todo ese aprendizaje que te hace crecer como persona.

 

 

 

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